domingo, 9 de septiembre de 2018

No somos una generación perdida.

            Hablando con mi tía este fin de semana me di cuenta por primera vez de una cosa que lleva pasando demasiado tiempo en nuestra sociedad, y es esa obsesión por difamar las costumbres o creencias de los demás, y no, no estoy hablando de religión o de países culturalmente opuestos, sino de esa obsesión por hacer menos a la generación siguiente, y ahora mismo, es mi generación.