Es verdad que estamos en semana de exámenes, pero creo
que esto está llegando un poco lejos. Es verdad, que yo, cuando estoy agobiada
me comporto como una capulla y una borde. No lo niego. El otro día, eran las
once de la noche, y yo llevaba desde las nueve en la habitación programando,
porque una amiga y yo teníamos que entregar un trabajo a las doce menos cinco y
aún no lo habíamos terminado. A eso de las diez, a mi compañera la llama su
madre por teléfono, y ella, lo cogió, como es lógico y natural, pero se quedó
hablando en la habitación. Tras diez minutos de conversación en voz bastante
alta, no podía concentrarme y me salí de muy mala hostia a una sala en la que
poder terminar mi trabajo. Al rato, cuando eran las doce menos veinte,
(recuerdo, una amiga y yo, haciendo un trabajo para las doce menos cinco), y mi
amiga no me responde el teléfono, los WhatsApp no le llegan y teníamos que
entregar en quince minutos un proyecto que estaba sin acabar. Estaba que me
subía por las paredes, es decir, no me aguantaba ni yo. En esto, que llega mi
compañera a la sala en la que estaba, a preguntarme que dónde estaba una bolsa
con cosas que nos trajo una amiga, a lo que yo respondí que en el armario del
centro. Ella me dijo, pues he mirado y no estaba. Me levanté de muy mala
hostia, fui a la habitación, saqué la bolsa del armario del centro y me volví
de muy mala leche a donde estaba mi ordenador.
No me habló en tres días. Me disculpé, porque nadie
debería ser tratado con la mala virgen que yo tenía en ese momento y admití la
totalidad de la culpa, porque en cualquier otro momento que hablase con su
madre por teléfono no me hubiese molestado, o que me hubiese pedido la bolsa tampoco.
Justo el día que nos reconciliamos fue el día antes de que ella empezara los
exámenes.
Estuve casi toda la semana diciendo que había quedado
el sábado por la noche, que lo iba a pasar super bien con unos amigos y esas
cosas. Llega el sábado, me voy a eso de las siete y a la una y cuarto de la
mañana, más o menos, una amiga y yo recibimos cada una un mensaje de mi
compañera, a ella diciéndole que si voy a ir a dormir, a mi diciéndome que si
vuelvo a dormir, para no cerrar y no despertarse con la puerta, y que gracias
por haberla avisado. En esas, le contesto que sí, que voy a dormir, pero que
llegaré un poco tarde y que sí que había avisado de que no iba a estar esa
noche, pero no sabía que iba a llegar tan tarde, a lo que ella me respondió, “Vale
guapa”, cosa que no dice nunca. Lo tomé como que se había cabreado un poco por
lo de yo llegando tarde, pero sin más. Cuando llego (a las dos y media más o
menos) me encuentro la habitación apestando a humanidad, ella en la cama
mirando el móvil y la ventana cerrada, con la persiana bajada del todo y las
cortinas cerradas. Cabe destacar, que a principio de curso yo le dije que
necesitaba la ventana un poco abierta, porque si me despertaba sin luz, estaba
amargada todo el día. Sudó completamente.
La mañana siguiente me levanté a las ocho, de un humor
de perros y bajé a desayunar. Saqué mis cosas para estudiar en la famosa sala
del principio y estuve hasta las once, que consideré que era buena hora para
entrar a por un par más de cosas. Ella aún no se había levantado. Cogí lo que
iba a buscar y no entré hasta las dos del medio día para coger una salsa y
bajar a comer. No me dirigió la palabra. Volví, intenté hablar con ella después
de la comida. Respuestas muy secas y cortas. No me hizo ni puto caso, por lo
que yo continué con lo mío, me fui a la sala y estuve toda la tarde ahí.
No sé cómo acabará esto, pero estoy cansada de disculparme.
Sé que la convivencia es complicada, pero estoy un poco hasta las narices.
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