Es una posición increíblemente interesante, porque, de
alguna manera, me hace replantearme mis decisiones en la vida, o incluso la
posibilidad del suicidio. No soy religiosa, ni nada que se le parezca, pero hay
una cosa que, obviamente no sé, pero que creo con bastante certeza. Y es que
creo, que el suicidio es una puerta rápida al infierno.
Soy feliz pensando que después de la muerte todo se
acaba y que ya no tienes que vivir, que sufrir ni nada más, solamente se acaba,
se apaga y no se vuelve a encender. Pero ¿qué pasaría si después de la muerte
hay este infierno? Este infierno planteado no me parece tan descabellado como
el infierno de las llamitas que nos presenta la religión.
Últimamente, mis ganas de morirme han incrementado, y creo
que es porque he descubierto que mi vida no tiene sentido. Pero eso para otra ocasión,
que estamos hablando del infierno. Si me suicidara en este momento, no sé qué
vería. No sé en qué punto mi vida se volvió una mierda, o en qué punto me
encontraría con quien pude ser.
A lo mejor fue el momento en el que empecé a comer
golosinas a espaldas de mis padres y engordé mucho.
A lo mejor cuando estaba en cuarto de primaria y que un
día no hice los deberes, mi profesora me mandó una nota a casa diciendo que no
había traído la tarea hecha. Se lo oculté a mis padres, arranqué la hoja y
reescribí todo lo que había en ella para que no me pillasen. Al día siguiente
me escribió otra nota, hice lo mismo, hasta que un día me mandó entre las
clases de por la mañana y las clases de por la tarde, a comer con la mochila.
Aún me acuerdo de mi madre cuando me preguntó por qué llevaba la mochila, lo único
que se me ocurrió fue decirle que me encontraba mal, y que me había traído la mochila
a casa porque no sabía si volver por la tarde. Ella me dio apiretal y me mandó
a clase otra vez, pero ella estaba preocupada. Luego de eso, llamaron a mis padres
para que vinieran. Aún me acuerdo de la cara de decepción de mis padres. Fue la
primera vez que me compararon con mi hermano. “Tu hermano no mentía”, “Hubiese
sido mejor si nos hubieras dicho la verdad desde el principio”, “Te habríamos
castigado, pero no tanto” y, la que más me dolió en ese momento “Así nunca
llegarás a ser igual de buena que tu hermano”.
A lo mejor fue la vez que acababa de salir de gimnasia
rítmica. Me encontré con mis amigas y le dije a una que si me acompañaba a
dejar el aro y la cinta en el trabajo de mi madre. Cuando llegué así, mi amiga
iba con vaqueros y super mona, y yo, con mi chándal. Me acuerdo de las palabras
exactas de mi madre “Mira qué bien va ella, y tú ahí con el chándal, si hasta
pareces más gorda y todo”. Fue ese el momento en el que empecé a odiar los chándales,
las mallas, las sudaderas… Todo lo que tenía que ver con el deporte, incluida
gimnasia rítmica. Terminé ese año, pero no me volví a apuntar nunca, y empecé a
odiar cada vez que me mandaban hacer cualquier actividad física. Tenía siete
años en aquel momento. Solo he vuelto a hacer deporte este año porque sentía
que me tenía que reconciliar con mi cuerpo, si no, tampoco.
Pero a lo mejor sí que estoy yendo por el camino
correcto. A lo mejor, si hubiera estudiado suficiente para entrar a Ingeniería
Aeronáutica, la habría empezado, pero estoy segura de que en algún punto habría
dicho, qué coño hago aquí, si no me gusta la física, y me hubiera ido a informática,
justo la carrera en la que estoy.
A lo mejor no solamente es en cuanto a carrera profesional.
A lo mejor habría conocido a alguien en algún punto de mi vida de quien me
hubiera enamorado y estaría destrozada, o a lo mejor me iría mejor en todas
partes o a lo mejor habría perdido mi rumbo e incluso mi forma de ser, mi forma
de pensar. A lo mejor amar a alguien me obligaría a quedarme en mi país, no de
una manera imperativa, pero sí como un deseo, y eso, para mí, es perder mi
manera de ser. Desde que tengo uso de razón quiero irme lejos. Muy lejos.
A lo mejor habría conocido más gente, mejor gente,
gente que me abriera puertas. A lo mejor habría conocido a algún mafioso que me
hubiese metido en la mierda, o algún proxeneta que hubiese hecho lo mismo.
Pero bueno, ya nunca lo sabré, porque, pese a todo lo
bueno o todo lo malo que me ha ocurrido hasta ahora, me ha forjado de la manera
en la que soy. Todas y cada una de las decisiones que he tomado hasta este
momento me han forjado como la mujer que soy hoy en día. Una mujer que no se
achanta ante nadie por ser más rico. Una mujer que no tiene miedo de expresarse
pese a que me pueda traer problemas. Una mujer de la que estaría orgullosa si
no fuera yo misma.
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